CUANDO APARECIÓ UN TESORO EN LAS ARENAS DEL GUADALQUIVIR (1914)

Tesoro de Huesca monedas árabes
Dando una vuelta por las curiosidades de nuestra ciudad me he encontrado en mi biblioteca un libro de Manuel A. García Parody, “Noticias de un Siglo en Córdoba”, que editó la UNED, el Centro Asociado de Córdoba hace casi 20 años. Lo prologa Pepe Camero, amigo, y el que fue durante muchos años director del Centro. En él se recopilan una serie de noticias desde la muerte de Lagartijo hasta el gol de Zarra, o lo que es lo mismo desde 1900 hasta 1950.
Dinares almorávides de la Ceca de Córdoba, 492 H.
Una de ellas, circunscrita a 1914, entre la que cita la visita del tipógrafo  Pablo Iglesias en 1913 y la del 400 Centenario del Gran Capitán, trataba sobre el “Hallazgo de un Tesoro Árabe” en el río Guadalquivir. El mundo había empezado a matarse en lo que se llamó después la Gran Guerra, aquí estaba vigente la guerra con Marruecos y la economía local era pésima a finales de septiembre del citado año. Antonio Morales arriero, trabajaba con su reata de borricos en el río acarreando piedras del mismo hasta la orilla izquierda, que se estaba realizando un muro de contención.
Borricos areneros por la cuesta de la Calahorra
Antonio y sus dos hijos pequeños habían terminado la faena en la isleta, los borricos regresaban a la orilla izquierda con bastantes piedras y con una vasija que había aparecido entre la arena donde trabajaban. Los niños en lugar de ayudar al padre, se dedicaron a tirar piedras a la vasija, hasta que la rompieron, del interior salió un tubo metálico con el que siguieron jugando, hasta que el padre le dio con la piocha y lo partió, en el ánimo de que acabara el juego. Del tubo salieron unas “latillas” doradas que uno de sus hijos se guardó en el pantalón.
Otros de vacío por la Puerta del puente y el listo delante
El arriero no comprendió lo que significaban aquellas “latillas” doradas, su cabreo con los hijos era mayor, y les ordenó que las tiraran al río, coas que hizo el mayor  quedándose con una buena cantidad de ellas que empleó para tirárselas a los borricos durante el camino. En el Barrio del Campo de las Verdad, el asunto despertó el interés del vecindario al coger algunas de las “latillas” del suelo y descubrir que eran monedas de oro. De igual forma lo habían averiguado los trabajadores del murallón.
Areneros en el río
Fue la noticia del día en el barrio, la gente acudió al río y dice el autor: “Por la tarde y durante la noche cientos de personas, con linternas y faroles, se pusieron a buscar el tesoro esparcido. Algo parecido a lo que ocurriera con los famosos duros de Cádiz. Unos cernieron la tierra con cribas y otros simplemente con las manos se dedicaron a rebuscar entre las piedras. Al fin empezaron a aparecer las monedas ante el regocijo de los afortunados y, como si la Diosa de la Fortuna quisiera alcanzar a todos, pocos fueron los que no recibieron este otoñal —premio gordo» tan estupendamente repartido.”

Rebuscando (Gente del Puerto)
Se había repetido lo de aquellos duros antiguos que el Tío de la Tiza dejó escritos en un tanguillo de Cádiz. En aquella ocasión, diez años antes fueron monedas de plata, “reales de a ocho” del s. XVIII, que un trabajador se encontró en la playa y el pueblo entero se lanzó a la playa a buscar más duros. Al igual en Córdoba, pero eran monedas de oro y parece que algunos cientos. Aquí se tuvo la fortuna que fueron apareciendo algunos de los arrojados al río. Al día siguiente los vendieron en el centro de la ciudad, algunos, los primeros a dos o tres pesetas, pero otros alcanzaron hasta cifras de siete cincuenta pesetas.
Arrieros en el río 1961, Ladis
El encargado de la obra dio parte a las autoridades y enviaron a la Guardia Civil que, evidentemente no encontró ninguna, si por el contrario el recipiente, un tubo de 26 cm. por 6 de diámetro, que permitió cubicar el número de monedas que estaban circulando. Era un tesorillo árabe que alivió temporalmente la pésima economía de algunos de los habitantes del Campo de la Verdad y, como no podía ser de otra manera, engrosó la fortuna de los aprovechados compradores.
Reata por la cuesta de la calle Torrijos
De Antonio Morales y sus hijos no se tuvieron noticias a posteriori. Puede que el grueso de las que se quedaron les diera para algo más que a sus vecinos. No dice nada la noticia de la actuación de la justicia. Es mejor imaginar para un final feliz, que una gente humilde vio parcheada su casa, por lo menos aliviada en la alimentación y se olvidaran de las penas y los desastres de la cercana guerra de Marruecos. Se hicieron realidad en las arenas del Guadalquivir las leyendas de tesoros, en este caso califales, que tanto encandilan a la ciudadanía.
Fotos de Internet, Ladis gente del puerto y de autores desconocidos
Bibliografía la citada

Este es solo un extracto del texto completo.

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